ASOCIACIÓN DE CAMARERAS DE NTRA. SRA. DE LA SOLEDAD. FUNDACIÓN Y EXTINCIÓN DE LA FUGAZ COFRADÍA DE LA SOLEDAD DE XÁTIVA

Texto por Julio Bellver Blasco.

   La imagen de la Virgen de la Soledad, propiedad de Dª Isabel Juán Sanç, se encontraba desde su realización en la iglesia del convento de San Francisco, motivo por el que la procesionaba la cofradía de la Sangre. En 1588, su dueña, cedió la imagen al convento de Santo Domingo, pero con la condición que sería la cofradía de la Sangre quien se encargaría de sus procesiones. La concordia en que se aceptaban estos términos está fechada el 22 de enero de 1590(1). El altar que se le adjudico en la iglesia del convento de Predicadores fue el “colateral al altar mayor, a la parte del Evangelio”. A partir de entonces la cofradía paso a llamarse de la Purísima Sangre de Cristo y Ntra. Sra. de la Soledad. Esta concordia fue importante para el devenir de la cofradía durante los siguientes dos siglos, ya que los dominicos renunciaron a erigir ninguna cofradía de la Soledad, a imagen de la que existía en Valencia, cuyos miembros eran todos del estamento de la nobleza.      

A partir de entonces la imagen de la Soledad fue portada por el estamento noble de la cofradía de la Sangre, mientras que el Cristo de la Palma lo llevaba el estamento de artistas- personas del estado general pudiente-. Todo lo referente a clases sociales tuvo gran importancia y repercusión en el protocolo seguido en los actos oficiales. En la cofradía de la Sangre la convivencia entre los tres estamentos que portaban el Cristo, se convirtió en un foco de desavenencias.


    Unificada la cofradía de la Sangre con la Soledad, la elección de cargos se efectuaba de la siguiente forma: Se nombraba, cada año, prior, clavario, cuatro mayorales, dos limosneros, síndico, sub síndico y monitor. Para las procesiones se elegían dos pendonistas para el Cristo, así como otros dos y cuatro portadores para la Virgen. Esto si era clavario un miembro de la clase de caballeros o ciudadanos. Si había sido designado un miembro del estado general, al no poder formar parte del paso de la Soledad se nombraba un caballero por arreglador. Para la Soledad se elegía como pendonista a un caballero y un ciudadano; para llevar la litera a dos caballeros y dos ciudadanos. Todo este entramado era mirado de forma muy estricta por parte de la nobleza, para que nunca entrara en el paso de la Virgen una persona del estado general. Los conflictos protocolarios fueron en aumento y el año 1735 en su Junta General del día 2 de marzo se nombraron dos pendonistas que un grupo de cofrades rechazaron y el 20 del mismo mes fueron nombrados otros dos. Estos hechos fueron el inicio de las discrepancias que traerían la formación de una cofradía de la Soledad años más tarde.       

Para las procesiones del año 1755 el problema protocolario aumentó. No dimitieron dos personas, como años anteriores, si no que fueron diez. El síndico lo comunico al Arzobispo y este dictó un decreto el 3 de marzo de 1756 por el que mandaba que los ciudadanos ocuparan el lugar que siempre se les había reservado y que se alternaran los clavarios entre los grupos sociales, cada año de un estamento (2).Todo esto dio como resultado que la procesión de la Virgen de la Soledad fuese poco afortunada y al Arzobispo prohibió que saliera la imagen al año siguiente. En el escrito, el secretario arzobispal Mosén Pedro Sellés decía (3):” Llegando a nosotros los problemas surgidos en el paso de la Soledad, mandamos que por ahora no se saque dicho paso y que no permita la comunidad de Santo Domingo salga la imagen ni la reciba la de San Francisco, bajo pena de excomunión”. La cofradía de la Sangre no nombró ningún cargo para el paso de la Virgen de ese año.      Todos estos acontecimientos, unidos al deseo que desde hacía doscientos años tenían los dominicos por formar una cofradía de la Soledad en su convento, independiente de la Sangre, llevaron al intento de crearla. Pero para complicar más las cosas, por un lado un grupo de caballeros y ciudadanos y por otro unos cuantos hidalgos de sangre, trataron de formar sendas cofradías de la Soledad separadas de la Purísima Sangre y con sede las dos en Santo Domingo.

El Prior solicitó permiso para fundar una, sin haberse inclinado por unos u otros, al Vicario General de la Diócesis. Este promulgó el decreto de autorización el 26 de octubre de 1757. El grupo de caballeros y ciudadanos fue el primero en reunirse con el Prior del convento. Lo hicieron el 5 de noviembre de 1758 para redactar las ordenanzas de constitución y pedir la aprobación del Arzobispo. Se consideraban caballeros por haberlo sido sus abuelos y de esta forma nobles, creyendo tener derecho a fundar una cofradía de nobles, que diera mayor grandeza a la Virgen de la Soledad. Las ordenanzas las tuvieron preparadas en dos meses. Se componían de 41 capítulos agrupados de la siguiente forma: Referentes a la admisión de cofrades y elección de cargos, del 1 al 7; oficios religiosos y procesiones, del 8 al 14; juntas y responsabilidad de cada cargo, del 15 al 39; nombramiento de la primera Junta, el 40 y 41 (4). Aprobadas estas se remitieron al Vicario para que concediera la Bula de Indulgencias que considerara.
   

Ante la creación de esta cofradía por parte de los caballeros, el otro grupo que pretendía erigir una congregación en honor de la Virgen, los hidalgos de sangre, recurrieron a la Audiencia,  querellándose contra los que ya la habían fundado. Presentaron la documentación el 16 de marzo de 1759. El proceso dio comienzo durante el reinado de Fernando VI resolviéndose en 1763 con una sentencia del rey Carlos III de 1 de marzo, entrando en vigor el 3 de agosto (5). La sentencia hacía hincapié en tres hechos. En primer lugar consideraba que era el rey quien debía sancionarla y no la autoridad eclesiástica que solo podía sancionar los puntos espirituales. En segundo lugar descalificaba la separación entre nobles de sangre y de privilegio, mandando la unión de los dos cuerpos en uno solo, añadiendo que este cuerpo resultante se debía refundir con la “Preciosísima Sangre de Jesús y Nuestra Sra. de la Soledad (6). El tercer argumento es el más importante, por cuanto descalificaba que en la cofradía de la Sangre, de los cuatro estamentos que convivían-caballeros, generosos, ciudadanos y general- solo las personas pertenecientes a los dos primeros pudieran llevar la imagen de la Virgen.
   

Todos estos argumentos llevaron al rey a ordenar que no hubiese distinción entre los cofrades de la congregación, asegurando a todos los mismos derechos para participar en el paso de la Soledad. De esta forma zanjó la separación de cofradías pretendida por diversas partes de la nobleza. Prohibió cualquier cofradía de la Soledad que estuviera fuera de la “antiquísima cofradía de la Purísima Sangre”.
 

Durante muchos años se consideró que este año de 1763 fue cuando una hipotética cofradía de la Soledad se unió a la de la Sangre (7) por manejar únicamente la documentación del Hospital de Pobres. En esta se encuentran tres folios que corresponden únicamente a la sentencia. Su lectura aislada del resto del litigio puede confundir y hacer pensar que una cofradía de la Soledad regida por la nobleza se unió a la de la Sangre.    Solucionado este conflicto ya ha permanecido, hasta nuestras días, la cofradía de la Purísima Sangre de Cristo y Ntra. Sra. de la Soledad.1

1-AMX.Legajos, sig 76, p 28. 
2 y 3- ADV. Sección I, fondo VII, sig 263 p 164-AMX. Legajos, sig 76, pp 14 ss. 
5 y 6- AMX. Legajos, sig 76 p 114
7- Sarthou C: Datos para la historia de Játiva. 
8- AMX. Archivo hospital de pobres, sig 4-994.


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